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Numismática en general

En busca de una piedra de Rosetta

La tarea de identificar una moneda es compleja pero muy interesante

IRA (Agosto 2006)

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Hay ocasiones en las que, de repente, una moneda suscita tu interés. Y no, no está en un mercadillo, o estuchada elegantemente en tu prohibitiva tienda numismática de cabecera. Es tuya. Escondida en tu álbum desde hace varios años. Quizá hace muchos años, cuando la recibiste, sabías de dónde procedía. Ahora, sin embargo, no te acuerdas y te resulta imposible identificarla para ordenar tu colección. Necesitas tu particular piedra de Rosetta.

La identificación de monedas se ha convertido en una auténtica aventura para los numismáticos más viajeros. Los distintos alfabetos, simbologías cambiantes, sistemas monetarios desaparecidos, … suponen un reto. No obstante, muchas páginas de Internet y los insustituibles libros y manuales nos ayudan. En las siguientes líneas buscaremos los pequeños detalles y las técnicas más socorridas para la identificación de esas joyas tan cercanas pero a la par tan lejanas.

Los alfabetos y las fechas. Las monedas clásicas griegas, las hebreas, las de Japón o las de Corea suponen una aventura. Por ello, conviene, además de estudiar sus alfabetos, por descontado, contar con una buena tabla conversora, gracias a la cual extraeremos los datos esenciales de toda moneda: el país, el valor y el año de emisión. Quizá perdamos algunos detalles, pero al fin y al cabo el más sabio es el que sabe aceptar sus limitaciones. Mundimoneda, de Mayca Martí, ofrece una breve pero completa guía para ello.

En esa web encontrarás desde las grafías numéricas de los diferentes alfabetos, hasta las equivalencias de nuestro calendario con los demás, pasando, como no, por una tabla en la que se contrastan los diferentes sistemas numéricos.

Las denominaciones. Mala costumbre la nuestra. Normalmente esperamos un franco “Finlandia” o “Hungría” al tomar una moneda de ese país, pero como nuestra traducción se suele alejar bastante del original —¿de dónde habrán aprendido los del cine?— nuestros prejuicios se desmoronan. Veamos algunos ejemplos.

El primero parece lógico, “Bundesrepublik” será una moneda alemana. Mas, ¿de qué Alemania? De la actual, de la unificada y federal. “Ceská” nos indicará una corona de la República Checa. La “Confederación Helvética” (o CH) es Suiza. “Nederland” es Holanda, no lo confundamos con “Benelux” (Bélgica, Holanda y Luxemburgo). “Österreich” es Austria y “Magyarország”, Hungría. “Suomen Tasavalta” es ese país que tantos y tan bonitos euros nos proporciona: Finlandia.

Y si este embrollo fuese poco, Mundimoneda aporta, además, las denominaciones locales de los países asiáticos, cirílicos y árabes, entre otros (¿alguien se atreve a encontrar una pieza de los Emiratos Árabes Unidos?).

Simbología. Por este último motivo es interesante aprender qué recursos se repiten constantemente en las monedas para así relacionarlas claramente con un país o, al menos, con un momento histórico de ese país. 

En España nos encontramos con la flor de lis como distintivo de las monedas emitidas bajo la dinastía borbónica (aunque esto haya desaparecido con el euro). La corona mural es símbolo de tiempos republicanos. Y la figura femenina. Como en Francia.

Los egipcios son prácticos: sus pirámides son bastante recurrentes. Si leemos “In God we trust” no dudaremos en señalar a los Estados Unidos. Las águilas son frecuentes en países como Alemania o Austria, y los leones en las coronas checas y en monedas tanto pretéritas como actuales de Finlandia.

No podemos olvidarnos del arpa de Irlanda o de las coronas ornamentadas del Reino Unido. Además, las monedas franquistas y hitlerianas muestran a las claras la tipología de sus respectivos regímenes con, por ejemplo, el yugo y las flechas y la cruz gamada.

Leyendas e iniciales. “LL” corresponde, en los euros, a Luc Luycx, creador de los euros tras vencer  el concurso público. Y es que grabadores, gobernantes o incluso los países (directamente o a través de su casa de la moneda) nos dejan pistas que nos ayudarán a situar en el mapa nuestra pieza. Francia emplea las siglas “FR” (“RI” en el caso de Italia). Y además, inserta usualmente un “Liberté, Egalité, Fraternité”. Una “M” coronada adorna las piezas españolas desde 1984.

No hay que olvidar analizar cuidadosamente el canto, ya que, en lugares como Holanda, algunas piezas llevan siempre una misma divisa. Sin ir más lejos, nuestras monedas de 100 pesetas llevaban un canto de flores de lis. Todas las monedas tenían dos variantes según la orientación de ese símbolo.

Ejemplos.

Previsibles (Egipto)

Continuistas (Irlanda)

De partido (España franquista)

Forints magiares (Hungría)

Femenina (República Francesa