Numismática en general

La corrección lingüística del castellano en nuestras monedas

Con ejemplos de España, Uruguay, Argentina, Cuba, etc.

 

IRA (Septiembre 2006)

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Se ha dicho por activa y por pasiva que las monedas son uno de los vehículos culturales más importantes, tanto del pasado como del presente. Ahora bien, ¿se transporta adecuadamente esa cultura hasta el pueblo? La lengua es la capacidad exclusivamente humana de comunicar cultura simbólicamente. Sin duda ninguna, en las monedas se emplea la lengua pero, insisto, ¿se hace con corrección? Para realizar este reportaje y extraer las pertinentes conclusiones se han analizado monedas de países hispano-parlantes. Así, se han tomado varias piezas de todos los períodos históricos que componen la historia de la peseta y algunas representativas de la realidad de México, Argentina, Panamá, Uruguay y Cuba.

El único error encontrado en las monedas es el de la tilde o acento ortográfico. No obstante, no por ello deja de ser grave, pues es una incorrección reiterada y, en ocasiones, irritante. Todas las palabras, según la normativa de la RAE (Real Academia Española) y del resto de Academias de la Lengua, estén escritas en mayúsculas o minúsculas, han de estar acentuadas ortográficamente cuando las reglas fijadas por esa institución y por el consenso culto del idioma lo requieran. Sin embargo, antes de 1953 no era preceptivo (que sí recomendado) acentuar las palabras en mayúsculas. Teniendo esto en cuenta, comencemos con los ejemplos estudiados.

España. Podríamos asegurar, grosso modo, que las monedas en España presentan tres etapas desde el punto de vista lingüístico. En la primera de ellas, que llegaría hasta la normativa antes mencionada, conviven ejemplos de incorrecciones (que no lo eran en la época) con aciertos. La segunda época es la inmediatamente posterior a la regla académica, marcada por el cumplimiento hacia ella por parte de las autoridades monetarias. La última de ellas es la que estamos inmersos: el final de la peseta y, por extensión, los primeros años del euro. Curiosamente, y desgraciadamente, se aprecia una regresión a pesar de que las monedas tomaron, frecuentemente en la década anterior, la función de mostrar lugares y personajes de nuestro acervo cultural.

En las monedas del Gobierno Provisional, de Amadeo I, de Alfonso XII y de Carlos VII apreciamos cómo las palabras “céntimos” o “milésimas” aparecen sin su acento, aunque recordemos que en su contexto no suponía aún un error. Con Alfonso XII en 1926, en la pieza de 50 céntimos, ya aparece la tilde aunque la RAE no la exigiera en esa época (solamente lo recomendaba pero un uso culto del idioma, como se le presupone al Estado, debería emplearlo).

Sin embargo, en la II República se vuelve a incurrir en ese fallo que ya se hubo solucionado en la época anterior. El desorden numismática del período bélica es también un desorden lingüístico. A la corrección de las piezas de L’Ametlla del Vallés se oponen el Consejo de Asturias y León, Lora del Río o Ibi.

Durante la dictadura de Francisco Franco se aprecia una corrección generalizada, coincidiendo con el momento de la nueva normativa de la RAE. La misma tónica se repite en los primeros años de Juan Carlos I. Sin embargo, hemos apreciado en este estudio dos excepciones especialmente graves teniendo en cuenta que a la España de esa época se le presupone una madurez cultural mayor. Se trata de la pieza de 25 pesetas de 1993 y de la de 10 pesetas de 1996. En la primera de ellas, la leyenda “País Vasco”, en mayúsculas, repite el error histórico de la moneda española (pero siendo castigado ahora por la Academia). En la segunda no existe la justificación infantil de que no es  “obligatorio” acentuar las palabras si van en mayúsculas puesto que la leyenda está literalmente así “*Emilia Pardo Bazan”. Preocupante, más si se trata de prestigiar a una fecundísima novelista y ensayista.

Resto del mundo. En el resto de países estudiados, que por supuesto pertenecen al ámbito de influencia del castellano y de sus instituciones reguladoras, la situación es quizá un poco peor puesto que, si bien en España se alternan aciertos y errores, predominando los primeros desde mediados del siglo XX, en las monedas estudiadas de Uruguay, Cuba o México, entre otros, sólo se aprecian incorrecciones, algunas de ellas de bulto.

Se dice que cuando se enseña ortografía y puntuación las primeras palabras que acierta a acentuar un niño son “camión” y  “avión”, por aquello de que finalizan en “-on”. Pues lo mismo le sucede al gran libertador: a Simón Bolívar. No obstante, el error es recurrente. Ejemplo:

En general estos errores se dan antes y después de la recomendación de la Academia. Sin embargo, apreciamos algunas incoherencias, como en el caso de Uruguay:

¿Es fruto de un descuido o de la ignorancia el que aparezca correctamente “centésimos” y no “república”? En cualquiera de los dos casos es preocupante. Es más, con esta moneda no vale la justificación infantil a la que hacíamos mención.

Otras leyendas estudiadas incluyen los citados errores en “Constitución”, “México”, “República” o “José San Martín”. Estudiada “Constitución” en las monedas españolas, observamos su empleo correcto en la moneda de 12 euros de 2003.