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Numismática
El tesoro de Moixent
"Los mayores hemos
conocido en circulación todavía las viejas monedas de cobre romanas"
Las
Provincias (Junio 2006)
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Los valencianos somos muy dados
a la Numismática, la ciencia o disciplina que estudia las monedas y medallas
antiguas, de ahí que desde antiguo haya habido notables numismáticos
dedicados a esta noble y productiva (a lo científico o histórico nos estamos
refiriendo, no piensen torcidamente) tarea.
Para nosotros sólo los euros son modernos, ya que las pesetas, duros, reales
o chavos, incluso las “perricas” nos parecen las monedas viejas, las de
toda la vida. Sin embargo, aunque la moneda en sí para un prehistoriador es
un avance o conquista ergológica y cultural muy moderna, la verdad es que se
introdujo en nuestra Comunitat hace más de dos mil años, a lo largo de los
cuales ha ido modificándose y evolucionando hasta llegar a la actual.
Naturalmente, al hablar de monedas nos referimos a las metálicas, como no podía
ser de otra manera. El papel moneda es reciente.
La prueba de lo reciente de la moneda, a pesar de los dos milenios, es que los
mayores hemos conocido en circulación todavía las viejas monedas de cobre
romanas, para equilibrar balanzas, para juegos infantiles o confundidas entre
las alfonsinas.
El atesorarlas, es decir acumularlas con verdadera avaricia, pecado capital
por otra parte, también ha sido una constante, recuerden desde El Avaro de
Molière hasta el “tiíto” del Pato Donald que Walt Disney hacía
zambullirse en su piscina colmada de dólares ante la mirada atónita de su
depauperado sobrino, por ello no es nada extraño que, de vez en cuando, los
medios nos sorprendan con noticias acerca del hallazgo de monedas, de oro o
plata, escondidas en el interior de algún recipiente y, en algún lugar recóndito
de una ahora sepultada casa, allí olvidado al desaparecer sus dueños; son
los llamados tesoros numismáticos.
Antiguamente estos hallazgos quedaban en poder del descubridor, quien se los
quedaba, los regalaba o los vendía por ser metales de gran valor. A partir
del siglo XV aparece el coleccionismo, porque algunos espíritus más
avanzados se dan cuenta de que, aparte de metales preciosos, son piezas de
valor histórico e incluso artístico, incorporando las fabricadas con metales
menos nobles, como el bronce y el cobre especialmente.
Desde el s. XVI se editan tratados de numismática como el del valenciano J.
A. Strany, estudiando las monedas por su valor documental y se coleccionan, de
tal manera que el obispo J. Bautista Pérez montó en Segorbe un gabinete
numismático, lo que repitió a finales del siglo XVIII y principios del XIX
el arzobispo Fabián y Fuero en el propio Palacio Arzobispal de Valencia. Fue
famosa la colección de monedas, unas 4.000 piezas, que el ilustrado
valenciano Pérez Bayer regaló a la Universidad de Valencia, que hoy dispone
de una de las mejores colecciones numismáticas de España, así como, también,
el Ayuntamiento de la ciudad.
Ya a finales del s. XIX y principios del XX los estudios numismáticos se
organizan, la Sociedad Arqueológica Valenciana crea la Comisión de Numismática,
la Universidad de Valencia su Cátedra de Epigrafía y Numismática y la
excelente revista El Archivo , del recordado canónigo D. Roque Chabás,
publica trabajos sobre esta disciplina. El cronista Chabret de Sagunto recoge
monedas y, pronto, dos brillantísimos numismáticos, uno aragonés pero
valenciano de ejercicio y dedicación profesional, D. Pío Beltrán Villagrasa,
el otro valenciano de nacimiento y valencianista para más señas, D. Felipe
Mateu y Llopis, se colocarán a la cabeza del “ranking” de investigadores
en el campo de la numismática, el primero secundado por su hijo D. Antonio
Beltrán Martínez, recientemente fallecido. Hoy, como herederos de tan
brillante trayectoria, otros jóvenes investigadores, como Pere Pau Ripollés,
comienzan a destacar.
Araba un campo un labrador, hacia 1910, cuando la reja del arado tropezó con
unas piedras, al apartarlas se encontró con una orza antigua y vieja, casi
aplastada por las piedras, las tierras y los años, que también pesan. Cuál
sería su sorpresa cuando al limpiarla se encontró con un tesoro, un fabuloso
tesoro, el llamado, hoy, Tesoro de Moixent, aparecido en la Partida de
Gramoixent o Les Ventes, es decir en el poblado ibérico que se encuentra al
lado del cementerio ibérico que, desde 1972, excava, estudia y publica quien
esto suscribe. ¿En qué consistía?, veámoslo.
Constaba de unas 160 monedas, la mayor parte de plata de hispano-cartaginesas,
a las que hay que añadir una griega, otra romana y varias dracmas emporitanas
(Ampurias), entre las primeras las hay de Ebussus (Ibiza), Cartago y Cartago
Nova (Cartagena).
Según los numismáticos que lo han estudiado, es uno de los tesoros de época
Bárkida (la familia cartaginesa Bárkida a la que pertenecía Aníbal) más
importante entre los hallados en Hispania y, consideran, por las fechas de acuñación
de las monedas que contiene, que se debió esconder en los primeros años del
siglo II antes de Cristo, es decir hacia el año 195.
Pero, ¿dónde fue a parar este tesoro? Desgraciadamente aquí nadie se
interesó por él y fue a parar a manos de un numismático afincado en Madrid,
D. Antonio Vives Escudero. Más tarde, la mayor parte del tesoro pasó al
Instituto de Valencia de D. Juan en Madrid donde se conserva.
Este conjunto numismático debería estar aquí en Valencia, con los
materiales de la necrópolis del Corral de Saus y del poblado contiguo, ya que
lo ocultaron sus habitantes en un momento de peligro, era suyo y, por lo
tanto, ahora, de los valencianos, sus herederos, bien depositado en la
Diputación de Valencia, que estudia, investiga y protege el yacimiento, bien
en el propio Ayuntamiento de Moixent. ¿Se atreverá alguien a reclamarlo y a
traerlo a su lugar de origen? Ya veremos.
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