Desde
hace más de 300 años, Brittania, la patrona de las islas, adorna las monedas
de 50 peniques. A partir del verano desaparecerá, pues nuevas monedas se
pondrán en curso. A pesar de lo que podría pensarse, los tradicionalistas no
están tristes: las nuevas monedas son la mejor manera de alargar la vida de
la libra esterlina en Gran Bretaña, en contra del euro.
Normalmente,
el dinero británico suele recibir un nuevo diseño cuando un nuevo monarca
asciende al trono. En 1968 introdujeron el sistema decimal, pero
conservaron los motivos tradicionales de sus monedas. 56 años después de su
ascenso al trono, la reina de Inglaterra sigue sin abdicar, y su imagen en la
moneda británica no se la quita nadie. Sin embargo, la hora de modernizar la
libra ha llegado. Y por ello hace tres años, Gordon Brown, el actual primer
ministro, decidió en calidad de ministro de Hacienda, remozar por lo menos
una cara de la moneda. La Gran Bretaña multicultural y progresista tenía que
verse reflejada en su dinero
Muchas
propuestas
Edificios
modernos, pájaros, fish and chips,… 4.000 propuestas llegaron a la
Royal Mint. La propuesta ganadora sorprendió a muchos: a partir del
verano será el escudo británico el que ocupe una de las caras de las
monedas. Hasta ahí, nada nuevo pues no es poco común que leones, rosas y
coronas adornen las libras. Lo novedoso es que ahora el escudo será
despedazado: cada moneda mostrará otra parte del escudo. El conjunto de las
monedas de fracciones de libra mostrará el escudo en su totalidad. Sólo en
la moneda de una libra se podrá ver completo. Matthew Dent, el creador de
esta idea, tiene 26 años y declara riendo: “querría que mi diseño asombre
a la gente, que la divierta y la haga reír”.
Motivos
de indignación
Muestras
de indignación no se hicieron esperar, ya que, a pesar de que en realidad es
un motivo tradicional, esta idea ha roto con muchas reglas no escritas. Entre
ellas, haber echado al dragón galés de las monedas y haber proscrito a
Britannia. En el siglo II d.C. los romanos acuñaron su propia moneda en la
isla, e incluyeron a la patrona. En el siglo XVII, Carlos II reintrodujo a
esta personificación de los británicos: orgullosa; tiesa, sin mácula
aparentemente (Frances Theresa Stuart, la amante del Rey, fue la modelo). Pero
no sólo los tradicionalistas, también los pragmáticos tienen algo que decir
en contra del nuevo diseño: Dent ha renegado de los números, el valor de
cada moneda está escrito. Sin anteojos, muchos no podrán reconocerlo.
El
anti-euro
Después
de las olas de malestar por estas monedas tan modernas, los británicos se han
conformado al pensar que las nuevas monedas le cerrarán la puerta al euro. El
nuevo diseño, según la Royal Mint está concebido para “un largo
tiempo”. Monedas aparte, la introducción de la moneda única europea en
Gran Bretaña nunca ha sido tan poco probable como ahora: Gordon Brown hará
lo imposible porque la Cámara apruebe el Tratado de Reforma de la Unión
Europea, pero nada más, con ello se acaban sus temas europeos. Es más, el
euro tendría primero que ser aprobado en referéndum. En los tiempos más
proeuropeos del primer ministro Tony Blair, su aceptación jamás sobrepasó
el 30 %. Así que queda claro: las monedas británicas se modernizan, no
desaparecen. Britannia cede su lugar a un nuevo diseño… no al euro.